Entre la resistencia y la desmovilización. Una aproximación cuantitativa al estudio del conflicto obrero en Argentina, 2006-20221

Adrián Piva

Universidad de Buenos Aires (UBA); Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la República Argentina (Conicet)

adrianpiva@gmail.com

Resumen. El objetivo de este artículo es realizar un análisis cuantitativo del conflicto obrero en Argentina entre 2006 y 2022, con especial énfasis en el período abierto en 2012. El análisis busca explicar las tendencias y quiebres de su evolución integrando las perspectivas económica, institucional y política del estudio del conflicto como momentos de un análisis de relaciones de fuerza. Ello permite trascender la identificación de correlaciones entre variables para, partiendo de las relaciones halladas, insertar las diversas dimensiones del proceso en un relato histórico.

Palabras clave: Argentina, conflicto obrero, conflicto laboral, relaciones de fuerza, acción colectiva.

Between Resistance and Demobilization: A Quantitative Approach to the Study of Labor Conflict in Argentina, 2006-2022

Abstract. The objective of this article is to develop a quantitative analysis of the worker’s conflict in Argentina between 2006 and 2022 with special emphasis on the period opened in 2012. The analysis seeks to explain the trends and breaks in its evolution by integrating the economic, institutional, and political perspectives of the study of the conflict as moments of an analysis of power relations. This allows us to transcend the identification of

correlations between variables to, based on the relationships found, insert the various dimensions of the process into a historical narrative.

Keywords: Argentina, workers’ conflict, labor conflict, force relations, collective action.

1.Introducción

El objetivo de este artículo es realizar un análisis cuantitativo del conflicto obrero en Argentina entre 2006 y 2022, con especial énfasis en el período abierto en 2012. Dicho análisis se plantea como una puerta de entrada al estudio de las relaciones de fuerza entre capital y trabajo entre esos años. A su vez, se encuentra inscripto en una investigación de largo aliento sobre la relación entre economía y política en la Argentina contemporánea.

Estudiar el período abierto en 2012 es relevante porque ese año comenzó una larga fase de estancamiento económico y tendencia a la crisis que el país todavía atraviesa y que impactó en –y transformó– la relación entre economía y política. De hecho, uno de los propósitos del análisis cuantitativo será indagar la relevancia de esa periodización para la evolución del conflicto obrero y para su explicación. Pero, a su vez, ello permitirá echar luz sobre esas transformaciones en curso.

El término «conflicto obrero» da cuenta de una variedad de acciones conflictivas llevadas a cabo por trabajadores asalariados que incluyen el «conflicto laboral», aquel originado en demandas y agravios que atañen a las condiciones de venta y uso de la fuerza de trabajo, pero también la movilización de carácter político llevada adelante por colectivos y organizaciones de asalariados.

El objetivo abarca tanto el análisis descriptivo de la evolución del conflicto obrero y de algunas de sus características fundamentales, como su explicación a partir de una aproximación a los diferentes momentos de las relaciones de fuerzas sociales (Gramsci, 1999, pp. 32-40). Entendemos esos diferentes momentos como momentos de un proceso de formación de clases (Thompson, 2012; Piva, 2020) que, dado el objeto de estudio, el conflicto obrero, tiene aquí como límite el momento económico-corporativo. La aproximación a esos diferentes momentos se realizará a través de una serie de indicadores económicos, institucionales y políticos. Apelaremos para ello a variadas técnicas cuantitativas, desde técnicas orientadas a determinar tendencias de evolución (descripción) hasta la reconstrucción histórico-
narrativa y la aplicación de técnicas econométricas que nos permitan dilucidar procesos y relaciones causales (explicación).

Utilizaremos para ello una variedad de fuentes. La más importante es la Base de Conflictos Laborales elaborada por la Dirección de Estudios y Estadísticas de Relaciones del Trabajo del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, que registra conflictos laborales desde enero de 2006. La unidad de registro fundamental es el conflicto con paro, aunque también es posible reconstruir la evolución del total de conflictos, incluyendo aquellos que solo presentan acciones declarativas, como denuncias o amenazas de paro no concretadas. El conflicto puede abarcar más de una medida, declarativa o de acción directa, y es, por lo tanto, una unidad de sentido que permite conectar una serie de acciones conflictivas diversas. La base se confecciona a partir del relevamiento de más de 140 medios de prensa de tirada nacional, regional, local y medios especializados tanto de agencias particulares como de los propios sindicatos. La relevancia de esa fuente en el análisis justifica el recorte del período abordado. El estudio es complementado con datos de elaboración propia: el registro, a partir del diario La Nación, de manifestaciones (concentraciones y marchas) de asalariados de carácter político (contra la política del Gobierno, en demanda de determinadas políticas y por la demanda de la creación o modificación de leyes) para el período 2012-2022; el registro, a partir del diario La Nación, de hechos colectivos de violencia (choques con fuerzas de seguridad del Estado, con particulares antagonistas y ataques a la propiedad) protagonizados por asalariados y otros movimientos sociales entre 2012 y 2022.

El análisis cuantitativo del conflicto obrero tiene una larga tradición, especialmente en el estudio de las huelgas (Ashenfelter & Johnson, 1969; Shorter & Tilly, 1985; Edwards, 1987; Hyman, 1989; Franzosi, 1995). También lo tiene en Argentina (O’Donnell, 1982; Izaguirre & Aristizábal, 2002), aunque aquí se desarrolló particularmente desde mediados de la década de 1990 (Villanueva, 1994; Gómez, 1997; Iñigo Carrera & Cotarelo, 2001; Cotarelo, 2016; Schuster et al., 2006; Santella, 2013). A su vez, en el marco de la Red de Observatorios del Conflicto Laboral (ROC), se ha venido desarrollando desde 2014 una intensa actividad en ese sentido (Roitman, 2018; Sismos, 2019; Collado & Ramírez, 2020). Este trabajo se inscribe en el renovado interés por este tipo de estudios en los últimos 25 años en Argentina, en particular en el esfuerzo desarrollado en la ROC.

El trabajo se encuentra dividido en cinco partes, incluida esta introducción. En la segunda sección, presentamos un breve contexto histórico; nos concentramos en el impacto de la internacionalización del capital y la reestructuración capitalista en Argentina desde 1976, en las características esenciales de la fase de estancamiento y tendencia a la crisis abierta en 2012, y en el relato de las estrategias políticas desarrolladas por los sucesivos Gobiernos en dicho período. En la tercera sección, realizamos un análisis descriptivo del conflicto laboral entre 2006 y 2022 y planteamos una serie de problemas que intentamos dilucidar en las siguientes secciones y en las conclusiones. En la cuarta sección, llevamos a cabo el análisis explicativo. Dado nuestro interés en aproximarnos al estudio del desarrollo de las relaciones de fuerza entre capital y trabajo, el análisis explicativo del conflicto obrero se desenvuelve a través de tres niveles o momentos: el económico, el institucional y el político. Dicha distinción analítica se basa en la nota 17 del cuaderno 13, «Análisis de situaciones. Relaciones de fuerza», de Antonio Gramsci (1999, pp. 32-40). La distinción entre un momento institucional y otro específicamente político se realiza a partir de las dimensiones del análisis de las huelgas que utiliza Franzosi (1995). A lo largo de toda la sección, intentamos conectar los diferentes momentos para reconstruir procesos de movilización/organización (desmovilización/desorganización) de clase obrera. En primer lugar, apelamos a técnicas econométricas para aproximarnos a los determinantes económicos e institucionales del conflicto laboral; en segundo lugar, emprendemos el análisis del momento político del conflicto obrero a través de un análisis narrativo-histórico. En la quinta sección, presentamos unas breves conclusiones con el fin de integrar y exponer en conjunto los principales resultados.

2.El contexto histórico del análisis

Internacionalización y estado nacional de competencia

Desde mediados de la década de 1970, el capitalismo atravesó por un profundo proceso de reestructuración e internacionalización. Se transformaron los procesos productivos, la tecnología, el comercio y las finanzas. La nueva fase de internacionalización del capital, a diferencia de fases previas, tuvo su centro en la producción. Los capitales deslocalizaron fases completas del proceso de producción, dando lugar a cadenas globales de valor y a una nueva división internacional del trabajo (Palloix, 1978; Fröbel, Heinrichs, & Kreye, 1981; Gereffi, 2001). La consecuencia fue una relativa exterioridad de la reproducción global del capital respecto de los Estados nación, que se vieron coaccionados a desarrollar estrategias de fijación de capitales asumiendo la forma de Estados nacionales de competencia (Hirsch, 1996). Ello debilitó las capacidades estatales de regulación del capital en territorios nacionales y erosionó los mecanismos de integración política.

En Argentina, los procesos de reestructuración capitalista desde 1976 dieron forma a una internacionalización subordinada de la economía local que profundizó y transformó el desarrollo desigual y combinado, y su consecuencia: la heterogeneidad de la estructura económica y social. Los resultados fueron la profundización de la dinámica desequilibrada del crecimiento; restricciones productivas, comerciales y financieras; y una mayor variabilidad de los ciclos económicos que recortaron los márgenes de libertad del Estado.

Con la crisis mundial de 2008, se renovaron las presiones globales por la reestructuración y, con ello, los límites y restricciones estructurales. Ello resultó agravado por el agotamiento de la base productiva local, cuya última reestructuración profunda fue en la primera mitad de la década de 1990 (Piva, 2021).

Bloqueo popular, estancamiento y crisis

En el año 2012, en Argentina, comenzó una larga fase de estancamiento y tendencia a la crisis. Como se observa en la figura 1, entre 2012 y 2017, el PBI tuvo caídas los años pares y un crecimiento moderado los años impares (electorales), manteniéndose estancado a lo largo de todo el período. A partir de 2018, se desarrolla un período de crisis abierta con fuertes caídas anuales del PBI, agudizadas en 2020 por la crisis de la pandemia. El fuerte crecimiento de 2021 y 2022 permitió recuperarse de la caída de 2018-2020 pero, como se observa en la figura 1 y en el cuadro 1, el crecimiento se detuvo a poco de alcanzar el pico del período de 20172. El PBI a finales de 2022 era apenas un 2,3% superior al de 2011 y se encontraba un 0,1% por debajo del de 2017. La formación bruta de capital fijo (FBCF) creció un 0,3% respecto de 2011 y un 2,3% respecto de 2017 (cuadro 1).

Cuadro 1
Crecimiento del PBI (precios constantes de 2004) 2011-2022 y 2017-2022; crecimiento de la FBCF (precios constantes de 2004) 2011-2022 y 2017-2022

2011-2022

2017-2022

Crecimiento PBI

2,1%

-0,1%

Crecimiento FBCF

0,3%

2,3%

Fuente: elaboración propia con base en Indec, Argentina.

Figura 1
Índice del PBI. Precios constantes de 2004, 2011-2022

Fuente: elaboración propia con base en Indec, Argentina.

El inicio de la fase de estancamiento y tendencia a la crisis en Argentina en el año 2012 reconoce sus causas en la dinámica tendiente a la crisis externa de la acumulación local en un contexto de presiones globales por la reestructuración, y de agotamiento de la base productiva local. Eso explica que el ajuste fiscal y la devaluación sin reestructuración resulten insuficientes para relanzar la acumulación y solo tiendan a profundizar la crisis y a espiralizar la retroalimentación entre devaluación e inflación. Pero esa presión objetiva por la reestructuración se desarrolla en un marco de relaciones de fuerza sociales que la bloquea. Este entrelazamiento entre economía y política está en el centro de la dinámica de la fase de estancamiento y tendencia a la crisis y de su irresolución hasta la actualidad. La persistente capacidad de bloqueo popular y las estrategias políticas ensayadas para superarla permiten comprender el desarrollo histórico de la última década de la Argentina.

Tres estrategias y un solo problema

A.El último Gobierno kirchnerista

El segundo Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y tercer Gobierno kirchnerista (2011-2015) comenzó con un intento de ajuste gradual, la llamada «sintonía fina». Sin embargo, cada intento de avanzar en dicho objetivo lo enfrentó a procesos de deslegitimación que mostraron los límites que le imponía la relación de fuerzas sobre la que se había reconstruido el poder de Estado tras la crisis orgánica de 2001 (Piva, 2015).

Pasadas las elecciones de octubre de 2011, el Gobierno implementó un control de cambios e inició un sendero de cierre parcial de la economía, basado en el control de las divisas y en mecanismos de declaración anticipada de importaciones que debían ser autorizadas por el Gobierno. A pesar de que ambas fueron implementadas como medidas de emergencia, el fracaso del ajuste gradual las convirtió en mecanismos permanentes para posponer la crisis. Comenzaba la larga fase de estancamiento.

Pero, con ello, se desarrollaba un proceso de erosión de la coalición política kirchnerista. En ese contexto, la oposición creciente de la clase media al kirchnerismo desde 2006 y 2007 se transformaba en 2012 en una pérdida masiva de apoyos y en un proceso de movilización igualmente masivo en 2012 y 20133. La fractura de la Confederación General del Trabajo (CGT) –principal central sindical– en 2012 y la ruptura del Partido Justicialista (PJ) –peronista– de la Provincia de Buenos Aires, dieron cuerpo político a ese proceso de erosión de las bases sociales del kirchnerismo. Como resultado, tras la derrota electoral de 2015, el kirchnerismo ya no representaba el todo, sino una parte. Se abría la lucha interna en el peronismo.

B.El fracaso de la restauración neoliberal

El 10 de diciembre de 2015, asumía la presidencia Mauricio Macri al frente de la alianza «Cambiemos»4 y se iniciaba un intento de restauración neoliberal. El objetivo era reconstruir un mecanismo de disciplinamiento de mercado cimentado en una política monetaria restrictiva y la apertura comercial y financiera. Pero el ritmo del ajuste fiscal que ese objetivo exigía colisionaba con la construcción de legitimidad política. En la medida en que el gradualismo fiscal se impuso por necesidad, las inconsistencias entre política fiscal y política monetaria hicieron fracasar el intento de restauración neoliberal. El Gobierno quedó atrapado en su propia trampa y cayó presa del mecanismo de «carry trade», del cual no podía salir sin desatar la fuga de capitales y una corrida cambiaria de consecuencias impredecibles. En las nuevas condiciones, la posposición de la crisis cobró la forma de un proceso de endeudamiento. Tras el triunfo electoral de medio término en octubre de 2017, el Gobierno creyó poder avanzar en el proceso de reestructuración pendiente impulsando la «triple reforma»: laboral, previsional y tributaria. Pero, en diciembre de 2017, se puso de manifiesto que la recomposición de la movilización y organización populares había continuado tras diciembre de 2001. Un ciclo de movilizaciones callejeras protagonizadas por sindicatos y movimiento sociales (MS) confluyó en dos grandes concentraciones populares los días 14 y 18 de diciembre en la Plaza Congreso, en oposición a una reforma previsional parcial5. Los dos días las protestas culminaron en enfrentamientos entre miles de manifestantes y las fuerzas de seguridad que se prolongaron durante horas en el centro de la ciudad de Buenos Aires. La Plaza Congreso mostraba, en lugar de las multitudes desorganizadas de 2001, columnas organizadas tras miles de pancartas: de un lado, los MS; del otro, los sindicatos. El 18 a la noche, después de una jornada de enfrentamientos, un cacerolazo masivo de las clases medias terminó en una nueva movilización multitudinaria a la Plaza Congreso contra el Gobierno.

El bloqueo popular a la reestructuración inició el tránsito entre la fase de estancamiento y la de crisis abierta. En el marco de las protestas, el precio del dólar comenzaría a subir. El 28 de diciembre, el Gobierno anunciaba un giro en la política monetaria, se iniciaba un período de bajas en las tasas de interés. Buscaba canjear crecimiento económico por paz social. Pero la baja de tasas no se traduciría en aumento de la inversión sino en una aceleración del ritmo de incremento del tipo de cambio. Tras el aumento de las tasas de interés en los EE. UU., la fuga de capitales completaría el pasaje a la crisis abierta entre finales de abril e inicios de mayo de 2018. En el marco de la exclusión de los mercados financieros internacionales, el nuevo acuerdo con el FMI –que llevó a un endeudamiento adicional de casi US$ 45 000 millones– ya no buscaba posponer la crisis sino administrarla. El resultado del ajuste sin reestructuración fue una espiralización de la devaluación y la inflación. Tras su derrota electoral en octubre de 2019, Macri abandonaba el Gobierno reimponiendo el control de cambios.

C.El FdT: la estrategia de reestructuración negociada

La conformación del Frente de Todos (FdT) reunificó al conjunto del peronismo –a excepción del PJ de la provincia de Córdoba–. El FdT también buscaba, tanto por la vía de la reunificación peronista como por la de la rearticulación de alianzas con corporaciones y grupos empresarios, incorporar a su coalición a sectores de la gran burguesía exportadora. Pero, al mismo tiempo, ampliaba su base de apoyo popular mediante la integración de las principales corrientes y organizaciones de MS y sindicatos6. Como resultado, el FdT en el Gobierno interiorizó tensiones entre la izquierda y la derecha, y presiones por arriba y por abajo.

En el núcleo de la estrategia del FdT estaba el impulso de un proceso de crecimiento y desarrollo basado en las exportaciones de commodities industriales y agroindustriales, especialmente mediante el procesamiento de recursos agropecuarios, minerales e hidrocarburíferos. La viabilización de la reestructuración capitalista pendiente que debía posibilitar la salida de la larga fase de estancamiento y tendencia a la crisis, debía producirse a través de un proceso negociado con sindicatos y MS. Ese camino –dificultado, además, por la pandemia, la guerra de Ucrania y una sequía histórica en 20237– estuvo sujeto a las presiones centrífugas que atravesaban a la coalición peronista. Aquí señalaremos dos dimensiones que dan cuenta de una dinámica que limitó hasta hoy el desarrollo de una estrategia de reestructuración negociada.

a)Las tensiones y presiones contradictorias a las que estuvo sometido el Gobierno dieron lugar a una lógica centrífuga cada vez que intentó avanzar en una dirección definida. Esta lógica centrífuga expresaba la interiorización de las presiones por la reestructuración y de su bloqueo y dio al Gobierno una dinámica de «vaivén» entre medidas contradictorias y sin orientación definida, que lo ha caracterizado8. Dicha dinámica solo se interrumpió en aquellas coyunturas en que la crisis general se volvía una amenaza inmediata. En esos momentos –el último el que permitió la llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía, en agosto de 2022–, se concentró poder en el área económica, pero solo bastó para implementar medidas que contuvieran el estallido de la crisis sin que, hasta ahora, se evidencie una tendencia a la salida de la larga fase iniciada en 2012.

b)Decíamos antes que, a la salida del Gobierno en 2015, el kirchnerismo ya no representaba el todo sino una parte. La falta de un liderazgo indiscutido obligó al Gobierno del FdT a ensayar una experiencia inédita, la de un Gobierno de coalición peronista. Sin embargo, el peronismo no pudo construir los mecanismos institucionales de un Gobierno de coalición. Como consecuencia, todo el período de gobierno estuvo atravesado por tensiones y conflictos entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y sin posibilidad de articular acuerdos o procedimientos de decisión que involucraran a los diferentes sectores de la coalición y al Poder Ejecutivo, gobernadores peronistas y representantes legislativos del FdT. El resultado fue el despliegue de la lógica centrífuga descripto en (a), cuyo único límite, hasta hoy, fue la inminencia de una crisis general.

3.La evolución del conflicto laboral en Argentina desde 2006: determinación de algunas tendencias y planteamiento de algunos problemas

La evolución del conflicto laboral desde 2006 muestra cambios significativos en 2012 y en el período 2017-2018. Ello es así en la frecuencia de conflictos laborales, en la forma del conflicto laboral y en las tendencias de la movilización callejera. En esta sección, desarrollamos esos aspectos con el fin de construir una descripción del fenómeno y plantear algunas preguntas.

Cuando observamos la evolución anual del conflicto con paro desde 2006 (figura 2), surgen por lo menos tres conclusiones: (a) crecen gradualmente hasta 2011; (b) la frecuencia experimenta un salto en 2012 que inicia una meseta de alto número de conflictos hasta 2016; (c) en 2017, comienza una fase de descenso de la cantidad de conflictos con paro, con la excepción de 2020 –año de pandemia–, en el que experimenta un aumento para luego continuar la caída en la pospandemia.

Figura 2
Evolución de la frecuencia de conflictos con paro y del total de conflictos,
2006-2022

Fuente: elaboración propia con base en datos de la Dirección de Investigaciones, Ministerio de Trabajo de la Nación, República Argentina.

La evolución del total de conflictos laborales (figura 2), con o sin paro, muestra una tendencia similar salvo por dos hechos: (a) hay un pico en 2016 que se distingue claramente del resto del período; (b) la brecha entre el total de conflictos y los conflictos con paro –que es igual a los conflictos sin paro– presenta la misma tendencia de evolución, esto es, experimenta un salto durante la meseta de alta frecuencia de conflictos entre 2012 y 2016. Ello significa que los conflictos sin paro varían más acentuadamente en los ciclos de ascenso y descenso de la cantidad de conflictos (cuadro 2).

Un análisis de la composición de los conflictos sin paro –para la que tenemos datos desde el año 2014– muestra que los años pico del conflicto sin paro (2016 y 2020) son también los años pico en los que dichos conflictos presentan medidas de acción directa (cuadro 2). Esto significa que la acción directa reviste mayor relevancia a la hora de analizar el aumento del conflicto en el período que las medidas de más baja intensidad, las medidas declarativas. Todo ello habilita el uso del conflicto con paro como un indicador adecuado de la evolución del conflicto laboral en Argentina para el período considerado.

En los estudios sobre conflicto laboral, en especial sobre huelgas, es habitual utilizar, con fines descriptivos, la duración y el tamaño, además de la frecuencia. Consideradas aisladamente, la evolución anual de la duración y la del tamaño de los conflictos con paro no muestran ninguna tendencia significativa9. La situación cambia cuando las consideramos en conjunto con la frecuencia.

Shorter y Tilly (1985) y Franzosi (1995), entre otros, utilizaron el concepto de forma de la huelga para referir a su configuración según frecuencia, tamaño y duración. Aquí no contamos con datos sobre huelgas sino sobre conflictos con paro, de modo que aplicaremos ese método para la descripción de esos conflictos. Tanto Shorter y Tilly como Franzosi utilizaron cubos para representar la forma de la huelga, aquí utilizaremos triángulos. Los datos son anuales. Para el tamaño, se utiliza como indicador el número de huelguistas /
frecuencia de conflictos con paro; y, para la duración, la variable proxy es el número de jornadas perdidas por paros / frecuencia de conflictos con paro.

Cuadro 2
Evolución del total de conflictos, conflictos con paro, conflictos sin paro, acción directa, marchas y concentraciones en conflictos sin paro, y porcentaje de conflictos con paro en lugar de trabajo (2006-2022)

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

2013

2014

2015

2016

2017

2018

2019

2020

2021

2022

Total de conflictos

1397

1535

1606

1706

1990

1968

2544

2788

2770

2721

3205

2699

2395

2415

2657

2088

1815

Conflictos con paro

785

851

849

888

958

961

1217

1211

1337

1235

1321

1011

833

873

842

740

724

Conflictos sin paro

612

684

757

818

1032

1007

1327

1577

1433

1486

1884

1688

1562

1542

1815

1348

1091

Acción directa sin paro

1021

1102

1419

1325

1209

1174

1380

1035

764

Marchas y conc. sin paro

608

643

929

857

848

811

1.069

733

573

% Lugar de trabajo

0,60

0,62

0,59

0,58

0,66

0,69

0,66

0,70

0,64

0,68

0,61

0,61

0,61

0,66

0,53

0,54

0,50

Fuente: Dirección de Investigaciones, Ministerio de Trabajo de la Nación, República Argentina.

En la figura 3, presentamos una serie de cinco triángulos que representan la forma del conflicto con paro de acuerdo con las tres dimensiones seleccionadas. Cada triángulo corresponde a la forma promedio para un período determinado. Los períodos fueron construidos porque la forma de los triángulos presentaba una tendencia similar (2006-2009, 2010-2011, 2017-2018, 2019-2022) o una forma estable (2012-2016).

Entre 2006 y 2009, la duración de los conflictos aumenta, mientras que la frecuencia y el tamaño son oscilantes pero con una tendencia también creciente, es decir, la tendencia es a más conflictos, más largos y de mayor tamaño. En 2010 y 2011, crece la frecuencia pero caen el tamaño y la duración. El período 2012-2016 muestra una forma estable, caracterizada por la alta frecuencia y un menor tamaño, mientras que la duración es algo superior a la de los años 2010-2011 pero inferior a la del período 2006-2009. Es decir, durante la meseta de alta frecuencia de 2012-2016 se consolida la tendencia de 2010-2011 de más conflictos, más cortos y de menor tamaño. El período 2017-2018 muestra un cambio de tendencia: cae la frecuencia pero aumentan la duración y el tamaño; menos conflictos, más largos, más grandes. En los años posteriores, se reducen todas las dimensiones: menos conflictos, más cortos, de menor tamaño10.

La similitud entre las formas del conflicto laboral entre 2017 y 2018 resulta llamativa si consideramos las grandes movilizaciones y enfrentamientos de los días 14 y 18 de diciembre de 2017 (véase arriba). Ese acontecimiento fue el clímax de un ciclo de protesta desarrollado entre 2016 y 2017 en el que la clase trabajadora tuvo un papel central. Sin embargo, ni la evolución de la frecuencia ni la forma del conflicto laboral parecen mostrar rastros de ese acontecimiento.

Ghigliani (2020) plantea que el centro de ese ciclo de protesta no estuvo en las huelgas sino en la movilización callejera. Acerquémonos entonces al fenómeno de las concentraciones y las marchas.

Figura 3
Forma de la huelga, 2006-2022. Representación según triángulos

Fuente: elaboración propia con base en datos de la Dirección de Investigaciones, Ministerio de Trabajo de la Nación, República Argentina.

Una primera aproximación la tenemos en la composición de los conflictos sin paro (véase arriba, cuadro 2). Las concentraciones y marchas muestran una evolución similar a la de la suma de las diversas formas de acción directa, los picos los encontramos en 2016 y 2020. Entre 2017 y 2019 su frecuencia cae, al igual que sucede con los conflictos con paro. Evidentemente, el fenómeno de la movilización callejera no debemos buscarlo en las tendencias del conflicto laboral.

El análisis descriptivo del conflicto laboral nos plantea un conjunto de interrogantes. Si bien, como esperábamos, el año 2012 parece ser relevante para la periodización, el período 2017-2018 señala un nuevo giro que parece preceder a un proceso de desmovilización más amplio. ¿Cómo explicar ambos quiebres y cuál es su jerarquía en la periodización? ¿Cuáles son los determinantes de todo el proceso? ¿Cómo explicar la sucesión de cambios en la forma del conflicto laboral? ¿Existen efectos del acontecimiento de diciembre de 2017 en el conflicto obrero que puedan rastrearse más allá del conflicto laboral?

4.Análisis de las relaciones de fuerzas: una aproximación cuantitativa desde la perspectiva del conflicto obrero

El momento económico: análisis econométrico del conflicto laboral

La aplicación de técnicas econométricas para el análisis del conflicto, en particular para el estudio de las huelgas, tiene una larga tradición (Ashenfelter & Johnson, 1969; Shorter & Tilly, 1985; Franzosi, 1995); a su vez, el desarrollo de instrumentos que permiten trabajar con grandes masas de datos ha renovado el interés por técnicas sofisticadas de análisis cuantitativo en Ciencias Sociales (Malo & Sánchez, 2012; Pohl, 2021; Judzik, Levy-Yeyati, & Montané, 2022). Aquí, retomamos el uso de técnicas y variables usuales en los estudios clásicos sobre huelgas y conflictos laborales. Existen ciertos peligros asociados a la subestimación de los supuestos involucrados en los modelos econométricos y a la fascinación que produce su uso, la ilusión de mayor rigor científico, cuando en realidad se limita el campo de estudio a un tipo de relaciones específicas, aquellas que pueden cuantificarse y expresarse en modelos matemáticos con fines de explicación causal (Franzosi, 1995). Los fines y la necesidad de tales técnicas deben, entonces, precisarse. Aquí se trata de aprovechar su capacidad para establecer la existencia de correlaciones significativas y aproximarnos, con el apoyo de la teoría, a relaciones causales que permitan dar cuenta de la existencia o no de determinaciones del ciclo económico en la evolución del conflicto laboral. Pero esos resultados deben ser inscriptos en una aproximación holística, interesada en la reconstrucción de procesos y en las conexiones internas entre los momentos de esos procesos. La construcción de relaciones causales entre variables económicas y la evolución del conflicto será un indicador del modo en que las relaciones de fuerza entre capital y trabajo se modifican con la marcha del proceso de acumulación de capital. Ello significa insertar a la acumulación de capital como un momento del proceso de lucha de clases. Por las razones expuestas en la sección anterior y también debido a la disponibilidad de datos, se utilizará como unidad de análisis el conflicto con paro. Nuestras variables dependientes se limitarán a dos dimensiones: la frecuencia y la duración; ello se debe a que los modelos con tamaño han resultado poco significativos o aportan muy poco a lo presentado en la sección previa. Se analizan datos trimestrales para el período 1.er trimestre de 2006 – 4.º trimestre de 2022. Sin embargo, en algunos casos la disponibilidad de datos obligó a fijar el inicio del período en el 1.er trimestre de 2007.

Empecemos con el análisis de la frecuencia. La tabla 1 y la figura 1 muestran los resultados de la aplicación del test Quandt-Andrews de fractura estructural (structural break). Se trata de un test que establece si existe un cambio de tendencia en una serie de tiempo dada (Hansen, 2010). El resultado arroja un quiebre en la tendencia de la frecuencia de conflicto con paro –nuestra variable dependiente en los modelos que presentamos a continuación–, situado en el 2.º trimestre de 201211. Este resultado confirma la hipótesis de que la fase de estancamiento económico y tendencia a la crisis desde el año 2012, determina cambios en la tendencia y la dinámica del conflicto laboral, algo que ya asomaba en el análisis descriptivo de la sección anterior.

Tabla 1
Test Quandt-Andrews de fractura estructural (structural break)

Quandt-Andrews unknown breakpoint test
Null Hypothesis: No breakpoints within 15% trimmed data
Varying regressors: All equation variables
Equation Sample: 2006Q1 2022Q4
Test Sample: 2008Q4 2020Q2
Number of breaks compared: 47

Statistic

Value

Prob.

Maximum LR F-statistic (2012Q2)

44,57232

0,0000

Maximum Wald F-statistic (2012Q2)

89,14463

0,0000

Exp LR F-statistic

19,60586

0,5923

Exp Wald F-statistic

41,45689

0,0000

Ave LR F-statistic

26,83496

0,0000

Ave Wald F-statistic

53,66992

0,0000

Note: probabilities calculated using Hansen's (1997) method.

Figura 4
Test Quandt-Andrews de fractura estructural (structural break)

Las tablas 2 y 3 muestran el testeo de dos modelos de explicación económica de la frecuencia de conflictos con paro12. En la tabla 2, puede observarse que el salario real del trimestre anterior no es significativo para explicar las variaciones en la frecuencia de conflictos13. Tras la eliminación de dicha variable y de la variable de tendencia (@trend), la tabla 3 muestra que la frecuencia de conflictos con paro tiene una correlación significativa con la variación del PBI respecto del trimestre anterior y con la tasa de desempleo del mismo período. El conjunto del modelo, que incluye la variable dummy (D1) que refleja el efecto causal del cambio de tendencia en el 2.º trimestre de 2012, tiene un buen desempeño en términos de la variación explicada (un r cuadrado ajustado de 0,61) y un nivel aceptable de especificación (estadístico Durbin-Watson = 1,61)14. Pero ¿qué es lo que nos dice? Que los conflictos aumentan cuando crece el PBI respecto el trimestre previo y que caen cuando aumenta el desempleo. Ello permite dar cuenta del impacto de la fase de estancamiento económico abierta en 2012, pero también aproximarnos a una explicación –todavía incompleta– de las tendencias al aumento de la frecuencia entre 2006 y 2011 –años de crecimiento económico y baja del desempleo–; de la meseta de conflictos entre 2012 y 2016 –años de estancamiento económico con bajo desempleo hasta el año 2015–; y de la caída de los conflictos con paro desde 2017 –años de estancamiento, pero atravesados por períodos de crisis abierta (2018, 2019, 2020) y con tendencia al aumento del desempleo (2016-2020)–. La explicación es, sin embargo, todavía incompleta porque hay inconsistencias.

Tabla 2
Test de modelo de explicación económica. Variable dependiente: frecuencia de conflictos con paro

Dependent Variable: CONFLICTOS_CON_PARO

Method: Least Squares

Date: 09/21/23 Time: 10:54

Sample (adjusted) 2007Q2 2022Q4

Included observations: 59 after adjustments

Variable

Coefficient

Std. Error

t-Statistic

Prob.

C
VARIACION_PBI_TRIMESTRE_ANTERI...
TASA_DE_DESOCUPACION
INDICE_SALARIO_REAL_DE_CONVENI
D1
@TREND
D1*@TREND

151,9830

50,24511

3,024843

0,0039

0,698693

0,297695

2,347011

0,0228

-2,870606

1,872287

-1,533208

0,1313

-0,647867

0,564512

-1,147658

0,2564

133,3308

30,67934

4,345947

0,0001

1,408234

0,953575

1,476794

0,1458

-3,437538

1,165764

-2,948742

0,0048

R-squared

0,650220

Mean dependent var

99,41243

Adjusted R-squared

0,609861

S.D. dependent var

26,99193

S.E. of regression

16,85947

Akaike info criterion

8,598696

Sum squared resid

14780,56

Schwarz criterion

8,845184

Log likelihood

-246,6615

Hannan-Quinn criter.

8,694915

F-statistic

16,11081

Durbin-Watson stat

1,745987

Prob(F-statistic)

0,000000

Tabla 3
Test de modelo de explicación económica. Variable dependiente: frecuencia de conflictos con paro

Dependent Variable: CONFLICTOS_CON_PARO

Method: Least Squares

Date: 09/21/23 Time: 11:08

Sample (adjusted) 2006Q1 2022Q4

Included observations: 64 after adjustments

Variable

Coefficient

Std. Error

t-Statistic

Prob.

C
VARIACION_PBI_TRIMESTRE_ANTERI...
TASA_DE_DESOCUPACION
D1
D1*@TREND

115,9898

13,29890

8,721764

0,0000

0,767930

0,263650

2,912586

0,0051

-3,410549

1,556440

-2,191250

0,0324

93,09205

11,05414

8,421466

0,0000

-1,686028

0,220796

-7,636120

0,0000

R-squared

0,641453

Mean dependent var

97,56250

Adjusted R-squared

0,617145

S.D. dependent var

26,82748

S.E. of regression

16,59958

Akaike info criterion

8,531536

Sum squared resid

16257,22

Schwarz criterion

8,700199

Log likelihood

-268,0092

Hannan-Quinn criter.

8,597981

F-statistic

26,38829

Durbin-Watson stat

1,611584

Prob(F-statistic)

0,000000

En 2016, a pesar del aumento del desempleo, la frecuencia de conflictos con paro es alta si observamos su evolución entre 2006 y 2022 (véase arriba, cuadro 2). Esta inconsistencia puede explicarse cuando se considera ese año junto con 2014. Esos dos años presentan el pico de conflictos con paro para el período posterior a 2006. La asociación entre mejora de la situación económica y aumento del conflicto laboral ha sido un hallazgo persistente en los estudios sobre el tema, que ha terminado por hacer caer en el descrédito las teorías que explican el aumento del conflicto por fenómenos de privación. Sin embargo, Shorter y Tilly (1985) señalaban en su estudio sobre las huelgas en Francia que, en presencia de organización previa, el empeoramiento de la situación económica y de la condición obrera puede dar lugar a aumentos de la frecuencia de corto plazo. 2014 y 2016 son años de devaluación, ajuste económico, recesión, caída del salario real y, especialmente 2016, aumento de los despidos y del desempleo que siguen a años de crecimiento económico (véase la sección 2). Pero, si las condiciones económicas adversas continúan, termina por imponerse la asociación de largo plazo y el conflicto se reduce. Pero, además, la frecuencia de conflictos es baja en 2021 y 2022, a pesar de que crece el PBI (aunque, como veíamos antes, ese crecimiento no rompe el techo de la fase de estancamiento) y baja el desempleo. Lo que esto nos dice es que debemos incluir otros determinantes, más allá del ciclo económico.

Veamos ahora qué sucede con la duración de los conflictos con paro. La tabla 4 muestra que existe una correlación significativa y de signo positivo entre la tasa de desocupación y la duración de los conflictos con paro, es decir, el aumento de la tasa de desempleo causa un aumento en la duración de los conflictos. Sin embargo, el estadístico Durbin-Watson es levemente bajo y el r cuadrado ajustado es muy bajo. Eso significa que el modelo está mal especificado –faltan variables– y que la explicación de la variación de la duración de los conflictos con paro por la tasa de desocupación es muy pobre. Nuevamente, ello nos impulsa a incluir variables no económicas.

Pero, antes, queremos destacar la lectura teórica de la significación y el sentido de las variables del modelo económico. Ambas señalan la mejora/empeoramiento de las relaciones de fuerza entre capital y trabajo: el incremento (decremento) de la tasa de desempleo empeora (mejora) la posición de los trabajadores al aumentar (reducir) la efectividad de la amenaza del despido y produce la consecuencia inversa en la posición de los empleadores, por eso tiene el efecto de reducir (aumentar) la frecuencia de conflictos con paro y de aumentar (reducir) su duración; en condiciones de aumento del desempleo, los conflictos se vuelven más duros, la resistencia de los empleadores es mayor; mientras que el aumento (caída) del PBI respecto del trimestre anterior fortalece (debilita) a los trabajadores, y es probable (carecemos de otros indicadores, como la evolución del beneficio empresario) que aumente (se reduzca) la disposición de los empleadores a otorgar concesiones.

Tabla 4
Test de modelo de explicación económica. Variable dependiente: duración de los conflictos con paro

Dependent Variable: JORNADAS_DE_PARO_CONFLICTO_CON_PARO

Method: Least Squares

Date: 09/21/23 Time: 12:13

Sample (adjusted) 2006Q1 2022Q4

Included observations: 64 after adjustments

Variable

Coefficient

Std. Error

t-Statistic

Prob.

C
TASA_DE_DESOCUPACION

1921,526

2180,252

0,881332

0,3815

514,0738

257,2837

1,998082

0,0501

R-squared

0,060497

Mean dependent var

6215,726

Adjusted R-squared

0,045344

S.D. dependent var

3003,973

S.E. of regression

2935,077

Akaike info criterion

18,83761

Sum squared resid

5,34E+08

Schwarz criterion

18,90507

Log likelihood

-600,8034

Hannan-Quinn criter.

18,86418

F-statistic

3,992331

Durbin-Watson stat

1,452552

Prob(F-statistic)

0,050099

La dimensión institucional

Los procesos de institucionalización del conflicto laboral inciden en su dinámica y tendencias (Edwards, 1987; Franzosi, 1995). Argentina asiste desde 2003 al período más largo de vigencia del sistema de negociaciones colectivas entre sindicatos, asociaciones empresarias y Estado (Marticorena, 2014; Marticorena & D’urso, 2018). Sin embargo, a diferencia de muchos estudios sobre los países centrales que muestran una regularidad de la frecuencia de huelgas y conflictos fuertemente asociada al ritmo de las negociaciones colectivas, aquí la frecuencia de los conflictos con paro no evidencia patrones similares, no al menos que determinen correlaciones significativas. Probablemente ello se deba a que las negociaciones de los diferentes sindicatos se desarrollan en distintos momentos, abarcando casi todo el año. También es posible que el recurso, cada vez más usual desde 2006, al otorgamiento de aumentos en cuotas, y el establecimiento, también cada vez más usual, de mesas de revisión salarial en un contexto de inflación elevada, tiendan a desdibujar ese ritmo regular. Pero ello no significa que las negociaciones colectivas no ejerzan su influjo, especialmente sobre la frecuencia.

La tabla 5 muestra un modelo de regresión en el que la frecuencia de conflictos con paro es la variable dependiente, y la variable independiente es el número de acuerdos y convenios homologados en el mismo trimestre. La relación es positiva –cuanto mayor es el número de acuerdos y convenios homologados, mayor es la frecuencia de conflictos– y significativa. Además, el número de acuerdos y convenios homologados explica una proporción moderadamente alta de la variación de la frecuencia (r cuadrado ajustado = 0,58) y el estadístico Durbin-Watson es elevado (1,94), es decir que, por sí sola, esa variable da como resultado un modelo bien especificado15. El modelo da cuenta de la adecuación de la frecuencia de conflictos con paro al ritmo de la negociación colectiva.

Tabla 5
Test de modelo de explicación institucional. Variable dependiente: frecuencia de conflictos con paro

Dependent Variable: CONFLICTOS_CON_PARO

Method: Least Squares

Date: 09/21/23 Time: 12:04

Sample (adjusted) 2006Q1 2022Q1

Included observations: 65 after adjustments

Variable

Coefficient

Std. Error

t-Statistic

Prob.

C
HOMOLOGACIONES
D1
D1*@TREND

80,51214

5,655820

14,23527

0,0000

0,030128

0,014160

2,127707

0,0374

110,7267

11,61074

9,536571

0,0000

-2,189984

0,247131

-8,861626

0,0000

R-squared

0,600150

Mean dependent var

99,83077

Adjusted R-squared

0,580486

S.D. dependent var

26,85708

S.E. of regression

17,39531

Akaike info criterion

8,609842

Sum squared resid

18458,41

Schwarz criterion

8,743650

Log likelihood

-275,8199

Hannan-Quinn criter.

8,662638

F-statistic

30,51910

Durbin-Watson stat

1,944705

Prob(F-statistic)

0,000000

Las tablas 6 y 7 muestran los resultados de integrar los modelos económico e institucional para la explicación de la frecuencia de paros. La tabla 6 muestra que la inclusión del número de acuerdos y convenios homologados en el modelo económico tiene el efecto de volver no significativa la correlación con la tasa de desocupación. La tabla 7 muestra el modelo final, en el que la variación de la frecuencia de paros es explicada por la variación del PBI respecto del trimestre anterior y el número de acuerdos y convenios homologados el mismo trimestre. La explicación es algo mayor que la que resultaba del modelo económico (r cuadrado ajustado = 0,63 vs. 0,61) y la especificación es igual de buena (estadístico Durbin-Watson = 1,57 vs. 1,61).

Sin embargo, la lectura de su implicancia en términos de relaciones de fuerza es menos clara. El crecimiento del PBI respecto del trimestre anterior sintetiza el efecto de mejora (empeoramiento) de la posición relativa de la clase obrera en relación con la acumulación de capital. Pero ¿qué significa para la relación de fuerzas la institucionalización/desinstitucionalización del conflicto laboral? El signo positivo de la correlación entre número de acuerdos y convenios homologados y frecuencia de paros, ¿debe leerse en el sentido de que la institucionalización fortalece a la clase obrera? ¿O más bien es lo contrario? Esto es, ¿la institucionalización es en realidad la respuesta al desafío obrero y, por lo tanto, el aumento de la actividad negociadora se explica por la mejora en la posición relativa de los trabajadores para desafiar al capital? En esta segunda lectura, la pérdida de significación de la tasa de desocupación una vez incorporada la dimensión institucional puede estar reflejando que el aumento (decrecimiento) de las negociaciones colectivas expresa la mejora (empeoramiento) de la posición relativa de los trabajadores, uno de cuyos determinantes es la reducción (aumento) de la tasa de desocupación. La razón de las dificultades para la lectura de la correlación positiva entre actividad negociadora y relaciones de fuerza entre capital y trabajo es que a través de la mediación institucional nos acercamos al momento político de las relaciones de fuerza. Será necesario emprender dicho análisis para dar respuesta a estos y otros interrogantes que aún persisten.

Tabla 6
Test de modelo integrado de explicación económica e institucional. Variable dependiente: frecuencia de conflictos con paro

Dependent Variable: CONFLICTOS_CON_PARO

Method: Least Squares

Date: 09/21/23 Time: 12:07

Sample (adjusted) 2006Q1 2022Q1

Included observations: 61 after adjustments

Variable

Coefficient

Std. Error

t-Statistic

Prob.

C
VARIACION_PBI_TRIMESTRE_ANTERI...
TASA_DE_DESOCUPACION
D1
D1*@TREND
HOMOLOGACIONES

88,76718

18,56831

4,780573

0,0000

0,896411

0,272244

3,292676

0,0017

-1,450345

1,919521

-0,755576

0,4531

105,0184

13,32131

7,883484

0,0000

-2,033553

0,299014

-6,800864

0,0000

0,034239

0,015114

2,265456

0,0274

R-squared

0,663988

Mean dependent var

98,51366

Adjusted R-squared

0,633441

S.D. dependent var

27,11311

S.E. of regression

16,41539

Akaike info criterion

8,527496

Sum squared resid

14820,57

Schwarz criterion

8,735123

Log likelihood

-254,0886

Hannan-Quinn criter.

8,608867

F-statistic

21,73690

Durbin-Watson stat

1,516465

Prob(F-statistic)

0,000000

Tabla 7
Test de modelo integrado de explicación económica e institucional. Variable dependiente: frecuencia de conflictos con paro

Dependent Variable: CONFLICTOS_CON_PARO

Method: Least Squares

Date: 09/26/23 Time: 18:24

Sample (adjusted) 2006Q1 2022Q1

Included observations: 65 after adjustments

Variable

Coefficient

Std. Error

t-Statistic

Prob.

C
VARIACION_PBI_TRIMESTRE_ANTERI...
D1
D1*@TREND
HOMOLOGACIONES

77,00177

5,467016

14,08479

0,0000

0,770911

0,263168

2,929352

0,0048

111,6234

10,95449

10,18973

0,0000

-2,207651

0,233150

-9,468797

0,0000

0,037906

0,013616

2,784020

0,0072

R-squared

0,650181

Mean dependent var

99,83077

Adjusted R-squared

0,626860

S.D. dependent var

26,85708

S.E. of regression

16,40570

Akaike info criterion

8,506939

Sum squared resid

16148,83

Schwarz criterion

8,674199

Log likelihood

-271,4755

Hannan-Quinn criter.

8,572934

F-statistic

27,87930

Durbin-Watson stat

1,566227

Prob(F-statistic)

0,000000

Antes, podemos decir algo más de la duración de los conflictos con paro. En el párrafo anterior, observábamos una relación positiva, aunque débil, de la duración con la tasa de desocupación. Ahora bien, un rasgo de la organización obrera en Argentina desde la década de 1940 ha sido el poder en el lugar de trabajo (Basualdo, 2011). La acción conflictiva de los trabajadores en el lugar de trabajo pasa por períodos de intensa actividad. Este aumento no es necesariamente un desafío a las direcciones sindicales; muchas veces, las mismas direcciones centrales están al frente esos conflictos, o los dirigen comisiones internas afines a la conducción sindical. En otros momentos, se asiste a una rebelión de las bases contra las direcciones. Y, aunque a nivel del lugar de trabajo se desarrollan huelgas y conflictos de larga duración, los sindicatos nacionales o locales cuentan con más recursos para encarar conflictos largos. La tabla 8 muestra un modelo en el que la variable dependiente es la duración de los conflictos con paro y la variable independiente es el porcentaje de conflictos con paro en el lugar de trabajo. La correlación es negativa y significativa, esto es, a medida que aumenta (decrece) el porcentaje de conflictos en el lugar de trabajo, se reduce (crece) la duración de los conflictos16. Esto permite explicar el aumento de la duración de los conflictos entre 2006 y 2009, cuando está aumentando la centralización del conflicto, a pesar de que la tasa de desocupación cae. Sin embargo, el modelo está mal especificado (Durbin-Watson = 1,36), es decir, es necesario agregar variables.

La tabla 9 muestra el efecto combinado de la tasa de desocupación y del porcentaje de conflictos con paro en el lugar de trabajo sobre la duración de los conflictos. La variación explicada es baja pero aceptable (r cuadrado ajustado = 0,17) y el modelo está bien especificado (Durbin-Watson = 1,58). La lectura de las implicancias de este modelo para la relación de fuerzas tiene problemas similares a los que presentaba la combinación de las dimensiones económica e institucional para explicar la frecuencia. El aumento (caída) de la tasa de desocupación empeora (mejora) la posición relativa de los trabajadores y tiene el efecto inverso para los empleadores. Bajo esas condiciones es esperable que los conflictos sean más largos, es decir, más duros. Pero ¿qué consecuencias se pueden sacar de la centralización (descentralización) del conflicto? Nuevamente, una lectura adecuada de su significado demanda adentrarnos en el análisis del momento político de las relaciones de fuerza.

Tabla 8
Test del efecto de la descentralización (centralización) del conflicto laboral sobre la duración de los conflictos con paro

Dependent Variable: JORNADAS_DE_PARO_CONFLICTO_CON_PARO

Method: Least Squares

Date: 09/26/23 Time: 18:12

Sample (adjusted) 2006Q1 2022Q4

Included observations: 68 after adjustments

Variable

Coefficient

Std. Error

t-Statistic

Prob.

C
PORCENTAJE_CONFLICTOS_CON_PA..

15961,05

3246,318

4,916664

0,0000

-166,2144

54,51546

-3,048940

0,0033

R-squared

0,123460

Mean dependent var

6118,404

Adjusted R-squared

0,110179

S.D. dependent var

2992,408

S.E. of regression

2822,749

Akaike info criterion

18,75778

Sum squared resid

5,26E+08

Schwarz criterion

18,82306

Log likelihood

-635,7645

Hannan-Quinn criter.

18,78365

F-statistic

9,296035

Durbin-Watson stat

1,369809

Prob(F-statistic)

0,003303

Tabla 9
Test del efecto de la descentralización (centralización) del conflicto laboral y de la tasa de desocupación sobre la duración de los conflictos con paro.

Dependent Variable: JORNADAS_DE_PARO_CONFLICTO_CON_PARO

Method: Least Squares

Date: 09/26/23 Time: 18:29

Sample (adjusted) 2006Q1 2022Q4

Included observations: 64 after adjustments

Variable

Coefficient

Std. Error

t-Statistic

Prob.

C
D1
D1*@TREND
PORCENTAJE_CONFLICTOS_CON_PA...
TASA_DE_DESOCUPACION

15133,74

4638,119

3,262905

0,0018

5151,486

2138,837

2,408546

0,0192

-112,4868

44,94904

-2,502540

0,0151

-233,3196

68,88591

-3,387043

0,0013

585,9064

256,9357

2,280362

0,0262

R-squared

0,219948

Mean dependent var

6215,726

Adjusted R-squared

0,167063

S.D. dependent var

3003,973

S.E. of regression

2741,587

Akaike info criterion

18,74537

Sum squared resid

4,43E+08

Schwarz criterion

18,91403

Log likelihood

-594,8517

Hannan-Quinn criter.

18,81181

F-statistic

4,158995

Durbin-Watson stat

1,581150

Prob(F-statistic)

0,004921

El momento político de las relaciones de fuerza

En la sección de análisis descriptivo, finalizábamos planteándonos una serie de interrogantes. Podemos resumirlos en dos cuestiones: en primer lugar, la especificidad del subperíodo 2017-2018, su aparente carácter de bisagra dentro de la fase abierta en 2012 hacia una etapa de desmovilización, y, en relación con ello, la similitud de la forma del conflicto laboral en ambos años y su diferencia con la de los subperíodos previo y posterior. En segundo lugar, la ausencia de efectos observables en las tendencias del conflicto laboral del acontecimiento de diciembre de 2017. Estos interrogantes pueden estar relacionados, a su vez, con las inconsistencias del modelo económico de explicación de la frecuencia y duración de los paros y con las dificultades de una lectura en clave de relación de fuerzas de la dimensión institucional del conflicto. Veamos si el análisis del momento político puede aportar algunas respuestas.

A diferencia del análisis previo, el estudio del momento político requiere de un enfoque histórico-narrativo y dejar de lado las técnicas econométricas, aunque manteniéndonos en los límites de una aproximación cuantitativa. No obstante, los resultados de la sección anterior serán valiosos, en su conexión con la movilización política, para dar cuenta del proceso de conjunto. Nos concentraremos en tres indicadores: la evolución de la movilización obrera de carácter político17, la evolución de los hechos de violencia protagonizados por asalariados18 y la evolución de los acuerdos y convenios homologados como indicador de institucionalización del conflicto obrero.

Antes señalábamos que, de acuerdo con Ghigliani (2020), la protesta obrera desde 2016 fue, en lo esencial, una protesta callejera. También veíamos que eso no se reflejaba en las marchas y concentraciones por motivos laborales. El cuadro 3 muestra la evolución de las marchas y concentraciones de carácter político. El período abarcado, 2014-2022, es el mismo de las concentraciones y marchas por motivos laborales de los conflictos sin paro (véase arriba, cuadro 2). La evolución, sin embargo, es muy distinta. Las concentraciones y marchas por motivos laborales aumentan todos los años hasta el pico de 2016 y descienden luego, con la excepción de un nuevo pico en 2020. Las marchas y concentraciones obreras de carácter político aumentan desde 2014, aunque caen en 2015, y siguen creciendo en 2017 y 2018, cuando alcanzan su pico. Este crecimiento de la movilización política de la clase obrera en 2017 y 2018 es simultáneo a la caída del conflicto con paro y del conflicto laboral en sus diferentes formas (véase arriba, cuadro 2). Eso no tiene nada de extraño a la luz de los hallazgos de la sección anterior. El proceso completo podría relatarse de la siguiente manera: el aumento de la movilización política de la clase obrera en 2014 y 2016 es parte de un alza más general del conflicto obrero en todas sus formas –incluyendo el conflicto laboral–, que se explica por una respuesta de corto plazo a fenómenos de privación. En la medida en que el empeoramiento de las condiciones económicas se profundiza y continúa en el tiempo, el alza del desempleo y la caída del PBI impactan en la reducción de la frecuencia del conflicto laboral y en el aumento de su duración –que, de hecho, comienza en 2016 desde niveles relativos bajos–, y el conflicto laboral se endurece. Es decir, durante 2017 y 2018, el conflicto obrero se desplaza desde la arena del conflicto laboral, en la que se encuentra en condiciones crecientemente adversas, hacia la movilización callejera de carácter político. Por esa razón, dicha evolución se vuelve más clara cuando observamos las marchas y concentraciones protagonizadas solo por sindicatos y aquellas acciones en unidad con MS; el punto más alto de la unidad del conjunto de los trabajadores organizados es 2018 y va de la mano de la movilización callejera de carácter político de los ocupados19.

Cuadro 3
Evolución anual de concentraciones y marchas de carácter político: total; total de movilizaciones conjuntas de sindicatos y movimientos sociales (sindicatos y MS); total de movilizaciones obreras (sindicatos + MS); total sindicatos (2014-2022)

Año

Total anual

Total anual sindicatos y MS

Total anual sindicatos + MS

Total anual sindicatos

2014

39

6

28

19

2015

18

2

5

5

2016

42

8

32

18

2017

56

15

33

25

2018

65

17

40

33

2019

44

7

30

15

2020

32

1

9

2

2021

40

0

20

3

2022

39

0

33

6

Fuente: elaboración propia con base en registros del diario La Nación.

Cuadro 4
Evolución anual de hechos de violencia colectiva: total; total en movilizaciones conjuntas de sindicatos y movimientos sociales (sindicatos y MS); total en movilizaciones obreras (sindicatos + MS); total sindicatos; total violencia popular (sindicatos, MS y otros MS no obreros) (2014-2022)

Año

Total anual

Total anual sindicatos y MS

Total anual sindicatos – MS

Total anual sindicatos

Total violencia popular

2014

32

1

15

9

15

2015

19

0

3

3

6

2016

22

0

15

11

16

2017

31

3

15

14

24

2018

27

2

10

8

17

2019

18

2

7

5

7

2020

11

0

3

2

6

2021

32

0

10

4

15

2022

27

2

7

5

11

Fuente: elaboración propia con base en registros del diario La Nación.

El análisis de la evolución de la movilización política de la clase obrera deja sin responder otra de las cuestiones suscitadas: la ausencia de impacto en la evolución del conflicto laboral del acontecimiento de diciembre de 2017. A través de la movilización política, podemos distinguir la especificidad de los años 2017-2018 respecto del subperíodo previo y comprender las causas de la similitud de la forma del conflicto con paro esos dos años. Pero no se evidencia todavía ningún cambio antes y después de diciembre de 2017.

Sin embargo, el aspecto esencial de los episodios de diciembre no fue su carácter político, la protesta contra la reforma previsional, sino el desarrollo de hechos de violencia en el centro político nacional durante dos días (14 y 18 de diciembre) y que, en ambos casos, consistieron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que se extendieron durante varias horas.

El cuadro 4 muestra la evolución de los hechos de violencia colectiva desde 2014. Allí se observa que 2017 es el pico de los hechos de violencia protagonizados por la clase obrera y también para lo que denominamos violencia popular, aquella protagonizada por colectivos obreros y no obreros de naturaleza subalterna. La evolución es, otra vez, especialmente clara en aquellos hechos protagonizados solo por sindicatos. Desde 2018, la cantidad de hechos violentos protagonizados por sindicatos cae mucho más que para el resto de las categorías, y el grueso de los hechos posteriores de violencia obrera corresponde a MS opositores al Gobierno del FdT. En 2021 y 2022, en un nuevo contexto de aumento de los hechos totales de violencia, es claramente predominante la violencia que no es de origen popular. El contraste con 2017 es muy claro: mientras que ese año 24 de 31 hechos de violencia colectiva son categorizables como violencia popular, en 2022 solo lo son 11 de 2720.

La figura 5 permite completar el cuadro: muestra la evolución trimestral del número de acuerdos y convenios homologados. Allí se observa que entre el 3.er trimestre de 2016 y el 1. er trimestre de 2018 hay una fuerte caída del número de homologaciones, que tocan su mínimo desde el 1.er trimestre de 2006. Desde el 2.º trimestre de 2018, empiezan a crecer para llegar, a finales de ese año, a niveles similares a los previos a la caída. El sendero posterior es bastante más irregular que el de 2006-2016, pero mantiene números trimestrales de homologación en línea con aquel período.

Figura 5
Evolución trimestral de acuerdos y convenios homologados
(1.er trim. de 2006 – 4.º trim. de 2022)

Fuente: elaboración propia con base en datos de la Dirección de Investigaciones, Ministerio de Trabajo de la Nación, República Argentina.

La especificidad de 2017 es que, en un marco de aumento de la movilización política en las calles, el conflicto obrero se desinstitucionaliza y alcanzan un pico los niveles de violencia obrera colectiva. En 2018, los niveles de violencia obrera se reducen al tiempo que se inicia un proceso de reinstitucionalización. Pero en este nivel político del análisis se puede comprender por qué resultaba difícil leer las implicancias de la dimensión institucional para las relaciones de fuerza entre capital y trabajo. En el período 2006-2016, la institucionalización cumplió una función muy distinta que en el período 2018-2022. En el primer período, fue la respuesta a una fuerza renovada de los trabajadores. Entre 2006 y 2011 (estrictamente desde 2003), el crecimiento económico y la caída de la tasa de desocupación fortalecieron la posición relativa de los trabajadores y permitieron un proceso de recomposición de las organizaciones sindicales; ello se expresa en la tendencia al aumento del salario real durante el período (figura 6). Entre 2012 y 2016, la meseta del número de acuerdos y convenios homologados recuerda a la meseta de la evolución de la frecuencia de conflictos con paro (véase arriba, figura 2). En el contexto del inicio de la fase de estancamiento y tendencia a la crisis, se observa un giro, que fue confirmado por el análisis de fractura estructural, pero los niveles de conflicto se mantienen elevados y la actividad negociadora sigue siendo una respuesta. El giro se evidencia claramente en la tendencia a la caída del salario real (figura 6). Entre 2018 y 2022, la reinstitucionalización se da en un contexto de desmovilización, especialmente desde 2019, y fuerte caída del salario real (figuras 2 y 6). El sendero de reinstitucionalización desde 2018 se expresa, primero, en la caída de los niveles de violencia (2018) y, después, en la desmovilización política y su reencauzamiento a través del conflicto laboral en condiciones adversas (2019-2022), lo que explica la reducción de todas las dimensiones del conflicto con paro y la paz social relativa en un marco de deterioro de la condiciones de vida obrera. La institucionalización del conflicto obrero siempre es un medio de integración política y de normalización, pero en el primer período (2006-2016) integró políticamente la movilización obrera rutinizándola a través de los ritmos de la negociación colectiva. Por el contrario, entre 2018 y 2022, la institucionalización y normalización del conflicto obrero fue un medio de desmovilización.

Lo mismo puede decirse de la centralización/descentralización del conflicto (véase arriba, cuadro 2). El aumento de la centralización del conflicto entre 2006 y 2009 es parte de un proceso usual de activación y desactivación de las bases obreras en el marco de una tendencia al aumento de la frecuencia del conflicto. El aumento de la centralización del conflicto obrero desde 2020 expresa un proceso de desmovilización de las bases que acompaña uno de carácter general.

Todo lo expuesto permite entender por qué los años 2017 y 2018 fueron una bisagra entre un subperíodo de alta frecuencia de conflictos con paro y otro de desmovilización en todas sus dimensiones. La sucesión de las formas del conflicto con paro relata, a su modo, una historia. Que sea la de una derrota, como parecen indicar la desmovilización y el impacto de la crisis en las relaciones de fuerza, o un capítulo más de la historia de resistencia de la clase obrera argentina, como parece decir la continuidad del bloqueo a la reestructuración capitalista, todavía está por resolverse.

Figura 6
Índice de salario real registrado del sector privado (diciembre de 2007 = 100)

Fuente: elaboración propia con base en Indec, Argentina.

5.Conclusiones

El propósito de este artículo fue realizar una aproximación al estudio de las relaciones de fuerza entre capital y trabajo entre 2006 y 2022, a través del análisis cuantitativo del conflicto obrero. El énfasis estuvo puesto en la determinación de las tendencias y quiebres desde 2012. El interés particular por ese período se debe a que desde aquel año Argentina ingresó en una larga fase de estancamiento y tendencia a la crisis que aún atraviesa.

El análisis confirmó en el caso argentino algunas relaciones bien conocidas en los estudios sobre el tema: la asociación de largo plazo entre el curso ascendente del proceso de acumulación, la mejora de la condición obrera y el aumento del conflicto laboral; la asociación de corto plazo entre la privación y su aumento; y el acompasamiento entre los ritmos de la negociación colectiva y del conflicto laboral.

Pero en lugar de considerar las perspectivas económica, institucional y política del estudio del conflicto como enfoques competitivos o simplemente complementarios, se buscó integrarlos como momentos de un análisis de relaciones de fuerza. Ello permitió la reconstrucción de un proceso en el que el momento político terminó por dar sentido al conjunto de las relaciones halladas al insertar las diversas dimensiones del proceso en un relato histórico. Podemos sintetizarlo del siguiente modo:

Entre 2006 y 2011(podríamos extender el período hacia atrás hasta 2003), en un contexto de crecimiento económico y disminución de la tasa de desocupación, se desarrolló un proceso simultáneo de aumento del conflicto laboral y de su institucionalización. Durante este subperíodo, la institucionalización fue una respuesta a un proceso de recomposición de la acción sindical de los asalariados. Desde 2012, con el inicio de la fase de estancamiento y tendencia a la crisis, se produce un giro en el conjunto de las variables. El conflicto laboral entra en una meseta de alta frecuencia de conflictos, con picos en 2014 y 2016 –años de recesión, ajuste económico, crecimiento del desempleo y caída del salario real–. Dichos picos dan cuenta de un incremento de la frecuencia como respuesta a fenómenos de privación. Shorter y Tilly (1985) planteaban que tales situaciones eran más probables en presencia de organización. Un indicador de que la recomposición previa de la acción sindical fue un aspecto de esa respuesta es que la forma del conflicto con paro entre 2012 y 2016 cristaliza las tendencias previas: muchos conflictos, más cortos y de menor tamaño. En esas condiciones, la institucionalización siguió cumpliendo el papel de integración y normalización de una clase obrera activa. 2017 y 2018 aparecen en este cuadro como un período bisagra entre una etapa de movilización obrera y otra de desmovilización. La continuidad de la fase de estancamiento y tendencia a la crisis que finalmente se precipitó en crisis abierta desde comienzos de 2018 termina por imponer la asociación de largo plazo entre empeoramiento de la condición obrera y caída del número de conflictos. Al mismo tiempo, su duración aumenta, poniendo de manifiesto el endurecimiento de las condiciones para la negociación. En un contexto crecientemente adverso, el conflicto se traslada a las calles y se politiza. Pero el rasgo específico de 2017 es la desinstitucionalización del conflicto obrero y el incremento de los hechos de violencia colectiva, particularmente entre los ocupados, que además confluyen con desocupados e informales organizados en MS. El clímax de ese proceso fueron los enfrentamientos en Plaza Congreso en diciembre de 2017. Tras ese acontecimiento, se inicia un proceso de reinstitucionalización del conflicto obrero. Dicho proceso fue correlativo, en primer lugar, de la disminución de la violencia colectiva durante 2018 y, en segundo lugar, desde 2019, de una desmovilización evidenciada en la caída de la movilización callejera, la despolitización del conflicto obrero y en la reducción de todas las dimensiones del conflicto con paro. Por lo tanto, durante este período, la institucionalización fue un vehículo de la desmovilización obrera, que aparece como un resultado combinado de factores económicos –la continuidad de la crisis– y políticos: en esa reinstitucionalización desempeñó un papel relevante el proceso de reunificación del peronismo, la integración de sindicatos y MS en la coalición política del FdT y, finalmente, su acceso al Gobierno. Hemos dejado fuera del análisis un aspecto relevante de este proceso: el estudio de las huelgas generales. Ello ha sido en parte por razones de espacio, pero también porque nuestro próximo trabajo se dedicará a la relación entre las huelgas generales y los determinantes y evolución del conflicto obrero en el largo plazo en Argentina.

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1 Agradezco al Dr. Julio Fabris, quien generosamente me ayudó a desarrollar el análisis econométrico contenido en este trabajo. La responsabilidad por los límites de su uso e interpretación es enteramente mía. También agradezco a la Dra. Mariela Verónica Rocca, integrante del Equipo de Conflictos Laborales de la Dirección de Estudios y Estadísticas de Relaciones del Trabajo del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, quien facilitó y procesó los datos que son la base de este estudio.

2 Los datos disponibles de 2023 –todavía incompletos y provisorios– muestran que la economía argentina se encuentra nuevamente en recesión.

3 Se desarrollaron concentraciones con cacerolazos masivos los días 13 de septiembre de 2012, 8 de noviembre de 2012, 18 y 25 de abril de 2013, y 8 de agosto de 2013.

4 La coalición estaba integrada por Propuesta Republicana (PRO) –partido que la lideraba–, la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica, entre otros.

5 Se trataba de una modificación del cálculo de movilidad jubilatoria que, en las condiciones coyunturales de su aprobación, implicaba una baja real de los haberes jubilatorios. La reforma previsional parcial sería aprobada por el Congreso durante las jornadas de protesta, pero la resistencia popular frenaría el conjunto del proceso reformista.

6 Apoyaban al FdT toda la CGT y las distintas centrales a las que había dado lugar la ruptura de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), producida en 2010. En el plano de los MS, contaba con el apoyo de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), que reunía a los MS más poderosos.

7 En febrero, la Bolsa de Comercio de Rosario informaba que la sequía era la peor en 60 años; en mayo, 2023 superaba la referencia de peores condiciones hídricas para la siembra, hasta ese momento la campaña de 2009-2010 (fuente: Bolsa de Comercio de Rosario, https://www.bcr.com.ar/es).

8 Dos ejemplos bastan para dar cuenta de esa lógica: (1) el conflicto originado por el anuncio de expropiación de Vicentín. Vicentín es un grupo empresario articulado alrededor del negocio de acopio y comercialización de granos y de su industrialización para la producción de aceites. En 2020, se encontraba en concurso de acreedores y su principal acreedor era el estatal Banco Nación. El Gobierno anunció su expropiación, lo que originó la reacción de las principales cámaras empresarias, cacerolazos de sectores medios en algunas de las principales ciudades, y el desarrollo de una dinámica centrífuga en el interior del FdT entre sectores afines a la expropiación y quienes se oponían. Finalmente, el Gobierno retrocedió y abandonó el proyecto expropiador; (2) en septiembre de 2020, el Gobierno enfrentó una corrida cambiaria que pareció aproximarlo a un desenlace catastrófico de la crisis. Como respuesta, el ministro de Economía, Martín Guzmán, emprendió un giro ortodoxo en su política monetaria y fiscal. Pero, pasado el peor momento de la corrida, ese giro ortodoxo tuvo su respuesta en el kirchnerismo, que impulsó medidas redistributivas (impuesto a las grandes fortunas, un impuesto extraordinario para sufragar los gastos de la pandemia aprobado en diciembre de 2020), e incluso en el Frente Renovador, que lideraba el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa (modificación del impuesto a las ganancias para reducir la presión tributaria sobre asalariados formales).

9 Veremos en la próxima sección que el análisis causal de la duración aporta elementos significativos para el estudio del conflicto laboral del período. Lo mismo cabe decir para el análisis descriptivo de conjunto de la frecuencia, duración y tamaño. No incluimos ni figura ni cuadro de la duración y el tamaño de los conflictos con paro porque no aportan información relevante.

10 La excepción es el año 2020, de pandemia y aislamiento social, que muestra incrementos en las tres variables. Decidimos incluirlo en el período 2019-2022 porque las variables no retornan a los niveles previos a 2019 y porque en 2021 y 2022 prosigue la caída. En todas las variables analizadas en este trabajo, 2020 presenta una cierta excepción pero, al menos desde la perspectiva del estudio cuantitativo del conflicto obrero, en Argentina el efecto de la pandemia parece haber sido el de profundizar tendencias previas.

11 Este resultado es relevante para el análisis econométrico, ya que obliga, en la mayoría de los modelos que utilizaremos, a incluir una variable dummy que contemple los dos subperíodos.

12 El modelo clásico de explicación económica es el de Ashenfelter y Johnson (1969), cuya variable independiente era la frecuencia de huelgas de la industria y las variables independientes más importantes eran la variación del salario real y el beneficio empresario del período previo y la tasa de desempleo del mismo período, además de una serie de variables estacionales y de tendencia. Aquí, al igual que Franzosi (1995), eliminamos el beneficio empresario por carencia de datos. Pero, como se observa en las tablas presentadas y en otras que evitamos incluir para no llenar páginas con modelos fallidos, el salario real del período previo no resultó significativo. Sobre la confiabilidad de las series de salario real, véase la nota al pie 7. Siguiendo otros estudios (Shorter & Tilly, 1985; Edwards, 1987), se utiliza una variable de aproximación a los ciclos de crecimiento económico, en este caso, la variación del PBI respecto del trimestre anterior, la que es la única que resultó significativa de los distintos modelos puestos a prueba.

13 Las series de salario real disponibles presentan dos problemas. El primero es que, desde 2007, el índice de precios al consumidor (IPC) que elabora el Indec dejó de ser confiable. Recién en octubre de 2016 comenzó a publicarse un nuevo IPC nacional que puede ser utilizado con ese fin. Para abarcar todo el período, se ha utilizado el IPC Cifra (disponible en https://centrocifra.org.ar/estadisticas/ipc-provincias/), que utiliza IPC provinciales que siguieron publicándose desde enero de 2007 para construir un IPC promedio ponderado por el producto bruto geográfico de las provincias. Este índice dejó de publicarse en 2019, y la evolución del IPC nacional del Indec y del IPC Cifra entre octubre de 2016 y diciembre de 2018 evidencia que son empalmables; eso es lo que hicimos. El segundo problema es que los índices de salario nominal del Indec presentan problemas, en cierta medida explicables por la complejidad de la composición del salario de convenio de los trabajadores registrados; esto es evidente en la evolución de los salarios del sector público, en parte por las dificultades de construcción de un índice para trabajadores no registrados. Ninguno de los índices de salario real (ni sus rezagos y variaciones respecto de distintos períodos previos) mostró un efecto significativo en la frecuencia de paros. La utilización del índice del salario nominal de convenio del sector privado (publicado por el Ministerio de Trabajo de la Nación) en este modelo que presentamos es solo una muestra de ello y es el de mejor desempeño. No es descartable que estos problemas estén detrás de la eliminación de dicha variable del modelo económico.

14 El estadístico Durbin-Watson mide la existencia de correlación en los residuos, su existencia supone que el modelo está mal especificado, es decir, que faltan variables explicativas en el modelo. Un estadístico Durbin-Watson entre 1,5 y 2,5 es aceptable.

15 Si la variable independiente es el número de acuerdos y convenios homologados el trimestre anterior, el sentido de la correlación es negativo, lo que es lógicamente consistente con el modelo presentado, pero la correlación no es significativa. Es decir, es más evidente el efecto positivo en la frecuencia de conflictos de negociaciones colectivas en marcha, que el efecto negativo del cierre previo de muchas negociaciones.

16 En el modelo de la tabla 8, las variables dummy y de tendencia fueron eliminadas porque no eran significativas.

17 Véanse definición y fuente, en la introducción.

18 Ídem nota 11.

19 Cabe agregar que, como se observa en el cuadro 3, el total de marchas y concentraciones de carácter político (que comprende todos los grupos sociales) muestra la misma evolución. Ello denota que hay un proceso más general de naturaleza específicamente política que sobredetermina la movilización obrera. Lamentablemente, los límites autoimpuestos del análisis nos impiden rebasar el momento económico-corporativo.

20 La pregunta que surge inquietante es si la evolución de la violencia colectiva es un indicador de la acumulación de fuerza social.